La celebración del Día del Profesor es un momento significativo que nos invita a reflexionar sobre la invaluable labor de aquellos que dedican sus vidas a la educación. Los profesores son los arquitectos del conocimiento, los guías que moldean no solo mentes, sino también corazones y valores en las generaciones futuras. Este día especial nos brinda la oportunidad de reconocer el impacto transformador que los educadores tienen en la sociedad. Son sembradores de semillas de sabiduría, inspiración y cambio. Su influencia trasciende las aulas, llegando a todos los rincones del mundo a través de las vidas que tocan.

Al celebrar el Día del Profesor, no sólo honramos a aquellos que eligen la noble tarea de enseñar, sino que también recordamos la importancia de invertir en la educación como pilar fundamental para el progreso de una nación. Los profesores no solo transmiten conocimientos académicos, sino que también modelan el carácter, fomentan la creatividad, y cultivan el pensamiento crítico y la empatía en sus alumnos. En un mundo en constante cambio y desafíos, los profesores son faros de luz que guían a las nuevas generaciones a  través de la oscuridad del desconocimiento hacia la claridad del entendimiento. Su labor va más allá de la mera transmisión de información; implica sembrar la semilla del aprendizaje continuo y el amor por el conocimiento.

Por lo tanto, la celebración del Día del Profesor no es solo un acto de gratitud, sino también un recordatorio de la necesidad de valorar, apoyar y empoderar a quienes tienen la misión sagrada de educar. En su honor, debemos comprometernos a construir un mundo donde la educación sea accesible, valorada y celebrada como el puente hacia un futuro mejor para todos. Celebrar el 15 de mayo como el Día del Profesor es una ocasión que va más allá de una simple conmemoración. El reconocimiento a la labor docente es establecer que los profesores son los arquitectos del futuro, a través de su dedicación y esfuerzo, moldean las mentes de las generaciones venideras, inculcando conocimientos, valores y habilidades que serán esenciales para el desarrollo personal y profesional de sus estudiantes. Celebrar su día es una manera de agradecerles por su compromiso constante y su pasión por la enseñanza.

Esto implica que es un deber resaltar el impacto social puesto que la educación es uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad. Un buen sistema educativo contribuye al desarrollo económico, social y cultural de una nación. Los profesores son la columna vertebral de este sistema. Al celebrar el día del profesor, se reconoce su impacto positivo en la construcción de una sociedad más justa y equitativa, donde el conocimiento se convierte en una herramienta para el progreso. Los maestros enseñan a los estudiantes a cuestionar, investigar y reflexionar sobre diversos temas, lo cual es crucial para la formación de ciudadanos informados y capaces de tomar decisiones fundamentadas. Este pensamiento crítico es la base de una democracia saludable, donde los ciudadanos pueden participar activamente en el debate público y tomar decisiones que afectan a su comunidad y su país.

Adicionalmente, la motivación y apoyo que se requiere para esta labor fundamenta que la enseñanza es una profesión que a menudo no recibe el reconocimiento adecuado. Celebrar el Día del Profesor es una forma de motivar a los docentes, mostrando que su trabajo es valorado y respetado. Este reconocimiento puede ser una fuente de inspiración para que continúen desempeñando su labor con entusiasmo y dedicación, sabiendo que su esfuerzo no pasa desapercibido. Por eso, es necesario seguir generando concienciación sobre los desafíos presentes y futuros, puesto que este día también sirve para reflexionar sobre los retos que enfrentan los profesores. La falta de recursos, las condiciones laborales difíciles y las expectativas crecientes son solo algunos de los problemas que muchos docentes enfrentan diariamente. Al celebrar su día, se pone en el foco la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo y apoyar a los profesores para que puedan realizar su labor de manera efectiva.

La labor docente genera inspiración para futuras generaciones, es por esto que celebrar a los profesores en su día, también inspira a las futuras generaciones a considerar la docencia como una profesión valiosa y honorable. Ver a los docentes ser reconocidos por su arduo trabajo y dedicación puede motivar a los jóvenes a seguir sus pasos, asegurando así la continuidad de una educación de calidad. Establecer que celebrar el Día del Profesor el 15 de mayo es esencial porque nos permite reconocer y valorar la inmensa contribución de los docentes a la sociedad. Es una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que enfrentan, y destacar la importancia de la educación en el desarrollo de una sociedad más justa y próspera. Al hacerlo, no solo rendimos homenaje a los profesores de hoy, sino que también sembramos las semillas para una educación mejor y más valorada en el futuro.

 

Enrique Arias Castaño

Universidad Tecnológica de Pereira

Resumen 

La investigación reflexiona sobre el pasado y presente del conflicto en la memoria de las comunidades campesinas e indígenas del sur del Tolima, y en torno al papel que cumple la comunicación en los procesos de fortalecimiento social y la superación de la guerra. La investigación abordó la siguiente pregunta:  ¿Cómo mejorar los tejidos de comunicación rotos por la guerra en una comunidad que transformó sus prácticas culturales y tiene problemas para transmitir la memoria y convivir en un territorio que aún no sana las cicatrices de la guerra?

Investigar la memoria para fortalecer la comunicación  

Según Erich Hallbawchs, Jan y Aleyda Assman, Wulf Kansteiner o Pierre Nohra, debemos analizar conceptos como memoria social, memoria colectiva, memoria cultural, memoria comunicativa o lugares de la memoria. Estos conceptos permiten pensar el papel de la comunicación como un asunto más denso que el de transmisión de información a través de medios, que se vuelve un componente fundamental en la transmisión de la memoria.

Maurice Hallbawchs plantea que la memoria es un proceso social y compartido que se diferencia de la historia. En ese proceso social se adelanta la reconstrucción del pasado experimentado por un determinado grupo, comunidad o sociedad. En tal sentido, la idea de una memoria histórica sería casi una contradicción, en la medida en que la memoria es particular y profundamente apropiada, la historia es general y significativa sólo para los grupos de interés para quienes resulta necesaria, importante o funcional. Así, la historia clasifica y divide los hechos en periodos, tratando de esquematizar el pasado; por tanto, se sitúa fuera de los grupos y por encima de ellos. Este autor aporta el concepto de memoria cultural, que según él, está incorporada a las prácticas rituales, tales como fiestas, ceremonias, ritos. También se manifiesta en la monumentalidad y la conmemoración.

Para Hallbawchs: la memoria es social, la rememoración se da en procesos de interacción, que él denomina “marcos sociales de la memoria”. Entre ellos, la familia, la comunidad escolar, la profesión. Esto es, “los individuos recuerdan o recrean el pasado en el marco grupal específico y el olvido no se da si no como consecuencia del debilitamiento del marco por la desaparición del contexto vivido socialmente”, como lo aporta Alejandro Baer.

Tanto para Hallbawch como para Kansteiner, el papel de la comunicación en la memoria es fundamental. En el primer caso, la memoria comunicativa surge de la interacción social de los seres humanos, de la transmisión de relatos del pasado a través de medios. Así, es la comunicación la que forja los lazos sociales y por lo tanto la que determina la estructura de la memoria, los sentidos y los significados que se le van a dar a los recuerdos. En el segundo caso, las memorias colectivas son producto de tradiciones intelectuales y culturales que enmarcan las representaciones del pasado; son producto de las creaciones de memoria que obedecen a intereses grupales. Estas tradiciones circulan a través de productores de la memoria, que la difunden a unos consumidores de la misma, en determinado grupo social. Quienes la consumen, la usan, ignoran o transforman de acuerdo con sus intereses particulares. Así, debería ser fundamental, para estudiar la memoria, dedicar un análisis detallado a sus procesos de producción, circulación y consumo.

Jan Assman recupera la idea de memoria colectiva en Hallbawchs, pero aclara que hay dos temporalidades para entenderla, sobre todo en culturas orales (como es el caso de la indígena y campesina que estudiamos). Así, habría una temporalidad que genera un tipo de pasado más cercana al presente, que aún está en la memoria de los habitantes (y que configura un tipo de memoria que es la comunicativa y en realidad, una memoria que es compartida hasta por tres generaciones de una comunidad: la memoria colectiva) y otro tipo de pasado que es mítico, totémico (reconocido por Jan Assman como memoria cultural).

“La memoria cultural, por otro lado, sería la comunicación organizada y ceremonializada sobre el pasado, la fijación duradera de los contenidos a través de la forja cultural. Esta memoria supone un conocimiento compartido del pasado sobre el cual un grupo se crea una imagen de sí mismo y toma conciencia de su unidad o especificidad” (traducción del alemán de Alejandro Baer a los planteamientos de Hallbawchs).

 Con el contexto de este debate, y a partir de los investigadores Torres y Pachón (2003), reconocemos las memorias como: “construcciones consensuales / conflictivas de versiones sobre el pasado de un grupo social, realizadas por medio de tejidos comunicativos, con el fin de proponer o renovar comprensiones sobre sus procesos y, por tanto, actuar sobre el presente y futuro de acuerdo con las nociones que sobre estos tiempos existan en sus culturas”.

 Así, estudiar las memorias de las comunidades del sur del Tolima, aporta a la comprensión de los procesos sociales y comunicativos vividos por la comunidad, inmersa dinámicas del conflicto desde los años cincuenta del siglo XX.

 El caso de la comunidad Nasa de Gaitania y el conflicto con los campesinos

La comunidad Nasa de Gaitania está asentada en 7 veredas, con una extensión aproximada de 11 mil 200 hectáreas, y un número de habitantes cercano a las 2 mil personas agrupadas en 700 familias (cifras redondeadas, con información recogida en campo, a partir del censo indígena del 2012). Dicho territorio está localizado en el flanco oriental de la Cordillera Central, que pertenece al Macizo Colombiano, en zona amortiguadora del Parque Nacional Natural Nevado del Huila.

La memoria de la guerra en el recorrido a este territorio empieza a emerger cuando la mirada atenta ve los palimpsestos de viejos grafitis de carretera que celebran la llegada de “los héroes del valle” o de las autodefensas unidas de Colombia, AUC. Las mismas que desocupaban de viajeros los mixtos que se adentraban o salían de Planadas, en un macabro ejercicio del azar, que se combinaba con homicidios a orilla de carretera para enviar un mensaje de terror y grito de guerra a las guerrillas históricamente asentadas en la zona: “vinimos para quedarnos”.

Cuántos se quedaron? Qué memoria hay de esas incursiones y las más antiguas, aquellas que se remontan a las épocas en que en Planadas se instala un penal y crece la población de colonos que vienen primero a recolectar café, a tumbar montaña, a hacerse a un pedazo de chagra?

Para llegar a la vereda Aguablanca, en el resguardo indígena, hay que pasar frente a Marquetalia. En primer lugar, el recorrido se hace en willys, por territorio campesino. Se parte de “la isla”, cruce de caminos a orillas del río Atá y enfrente de la vereda La Palmera, sede actual del cabildo, lugar de la vida política de la comunidad. Uno de esos caminos lleva a San Miguel, tierra de asentamiento histórico campesino en tiempos de Manuel Marulanda. El otro camino lleva a Marquetalia.

Durante muchos años La Isla fue la única entrada al territorio indígena y lugar de control del territorio por parte de los actores armados, que dividieron la población en dos actores: de un lado del río los indígenas y del otro lado los campesinos.

La comunidad indígena no transitaba por esas tierras desde el año 1996, pues el territorio estaba sometido al dominio de la guerrilla de las FARC. La comunidad recuerda la forma en que fueron confinados los primeros nasas en las refriegas de Marquetalia cuando vino, en 1964, el Ejército del presidente Valencia a quemar las casas.

Al hacer memoria y recorrer el territorio, los testimonios emergen: aquí los guerrilleros detuvieron por una noche a dos miembros de la comunidad; allá en ese hueco cayó un artefacto de las FARC tirado al Ejército, que estaba del lado de acá; ese es el camino que lleva al Cauca, a Tacueyó, a Santo Domingo –donde entregó las armas el M19- pero no se puede caminar porque los soldados acampan ahí y es peligroso transitar; allá a 10 metros de la escuela cayó un misil del ejército que estaba de entrenamiento en santa María; más allá murieron 11 guerrilleros, se desprendieron los árboles y se incendió la montaña...

 Conclusiones y preguntas para el debate

Esperamos con este trabajo aportar a la comprensión de los procesos sociales en el territorio, que permitan diseñar propuestas para impulsar estrategias de comunicación que propendan por reconstruir los tejidos sociales de la comunidad de habitantes del sur del Tolima. Así mismo, el fortalecimiento del vínculo entre campesinos e indígenas, que comparten un territorio histórico que los puede enfrentar de nuevo si éste no es bien gestionado.

 Por tanto, podemos asegurar que:

  • Las dinámicas de la guerra afectaron profundamente la vida social de los indígenas y su relación con los campesinos en el sur del Tolima.
  • La población ha iniciado procesos de memoria que están en las manos de los productores de la memoria de la comunidad: se requieren mayores esfuerzos para apoyar los procesos de comunicación de la memoria, como lo plantea Kansteiner.
  • La comunicación de la memoria está amenazada, por la debilidad en la identidad cultural ancestral de la comunidad (pérdida de prácticas culturales que son en realidad prácticas de la memoria: conmemoraciones, actividades celebratorias, rituales interrumpidos por la guerra) Así, proponemos las siguientes preguntas abiertas para construir la memoria:

¿Qué versiones del pasado reciente se están construyendo en el sur del Tolima para el llamado posconflicto?

¿Borrarán los gobiernos locales todo el horror de los hechos cruentos que ayudaron a impulsar, en aras de una memoria llena de héroes uniformados blancos y de gloria militar?

¿Dónde dar cabida a la memoria silenciada de las viudas de la guerra, de los hijos de los exploradores nasa que volvieron e sus orígenes en un largo y cíclico retorno a sus ancestrales territorios?

¿Qué proyectos de futuro están construyendo los jóvenes indígenas y campesinos del sur del Tolima en medio de la des-memoria de su identidad cultural ocasionada por la guerra?

¿Cómo contamos la memoria del dolor de los miembros de la comunidad que aún esperan la reparación y el reconocimiento de sus víctimas?

Con los anteriores interrogantes, el presente trabajo deja un final abierto para continuar investigando un territorio histórico que necesita ser pensado desde la construcción de tejidos comunicativos que creen vínculos, solidaridad y convivencia pacífica, hacia el diseño de políticas culturales y comunicativas con enfoque diferencial en el contexto del posconflicto.

 

Arlovich Correa Manchola - Doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, Profesor Universidad del Tolima.

Resumen

El presente artículo, escrito en el marco del Dia del idioma español y el Día Internacional del Libro, ofrece un breve recorrido por distintas aproximaciones teóricas que han adelantado los mismos autores acerca de la creación literaria. 

Introducción

En el mundo hispánico, el Día del Idioma se celebra el 23 de abril para homenajear a Miguel de Cervantes. El 23 de abril es también el Día de la lengua inglesa, fecha en la que la cultura anglosajona rememora la muerte de William Shakespeare. El mismo 23 de abril se escogió para el Día Internacional del Libro, evocando asimismo las efemérides del Inca Garcilaso de la Vega. En Colombia, sin embargo, el Día del Idioma debería celebrarse el 17 de abril, no el 23, para conmemorar el fallecimiento de Gabriel García Márquez, el creador de Macondo, el autor de la novela más importante en lengua española desde los tiempos del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. 

Sí, el mismo que comprendió como ninguno que el oficio de las letras requería de un profesionalismo insoslayable, que la voracidad de la lectura era el único camino para la formación literaria y humanística, que toda buena literatura es de algún modo una transposición poética de la realidad, que hay que agarrarse a trompadas con las palabras para conseguir, después de muchas horas, el prodigio de un buen párrafo, que los escritores se hacen en la soledad del estudio, del trabajo constante, silente y disciplinado, nunca en los cocteles, ni bajo los reflectores, ni en las páginas sociales, ni  en las revistas de peluquería, mucho menos escribiendo a las volandas para cumplir con el plazo impostergable de algún premio literario. Solo así pudo recibir la mitad de los premios de este mundo y darse el lujo de rechazar la otra mitad.

Información principal

Es innegable, de otra parte, el impacto de Gabriel García Márquez en el campo literario de Colombia. Lo cual fue posible gracias a un trabajo de orfebrería con el idioma, de encantamiento discursivo. Una labor de alquimia que tomó años de maduración y que comprende al menos tres proyectos estéticos distintos: el fantástico, el realismo social y el realismo maravilloso. Una de cuyas tendencias más sobresalientes fue, sin duda, el abandono de la lengua escrita literaria y su traslado a los registros del habla.

De cualquier manera, lo que sí resulta común en estas celebraciones del Día del idioma y del libro es la presencia insoslayable de la creación literaria. Sin duda, uno de las grandes conquistas del lenguaje. Para descifrar el misterio de su existencia y de su prosperidad, es posible que no haga falta un crítico sino un detective literario. A García Márquez le fascinan los enigmas sin solución aparente, aquellos enigmas insolubles que escapan a las soluciones fáciles o difíciles de la lógica y la razón. El enigma puro, perfecto. Así pues, el asunto de la creación literaria puede verse como uno de esos enigmas insolubles que pueblan la obra de Gabo. Acaso por ello convenga dejar para después la lógica y el razonamiento de los teóricos, historiadores y críticos tradicionales, para intentar un acercamiento inicial desde el corazón mismo de la creación literaria y de los creadores.

Creadores como Horacio que es uno de los iniciadores de la dilatada y zigzagueante estela de poetas que se entregaron a la recia faena de reflexionar sobre la creación literaria, desde el corazón mismo de la creación. En rigor de verdad, su epístola no se escribe para los Pisones, eso es apenas un exótico pretexto, se escribe para que el poeta pueda anotar «que la poesía vuelve como la aurora y el ocaso»; para que recuerde que los antiguos invocaban a las musas y nosotros nos invocamos a nosotros mismos; para que ambicione la aventura de la palabra en el viento crucial de la mañana, donde perfuman menta y mejorana...  y todo el resto es literatura; para que confiese que persigue una forma que no encuentra su estilo, tal vez porque «relampaguea, huyendo, la palabra. El poeta la sigue. No la alcanza», pues, «a veces vuelan las palabras, como palomas que huyen de la torre, cuando el Ángelus bate sus campanas»; pese a ello, es el destino del poeta amar el ritmo y ritmar sus acciones, así como sus versos, pues es un universo de universos y su alma una fuente de canciones; en fin, se escribe la Epístola de Horacio para que el poeta pueda predicar la creación de mundos nuevos y el cuidado de la palabra, pues, en su concepto, el Poeta no es más que un pequeño Dios.

Otro de los grandes creadores latinoamericanos, piensa lo contrario. Anchuroso espacio que, en efecto, no ha dejado de recortarse. En la sociedad contemporánea, la creación literaria enfrenta una suerte de exilio interior, acaso más eficaz que el mismo destierro. Sin embargo, como señala otro poeta, la creación literaria se resiste a desaparecer, sigue hablando con autoridad, diciendo una verdad, expresando la voluntad y las opiniones de los individuos y de los pueblos; sigue hablando del mundo, de los hombres, de las mujeres, de la política, del corazón y los sentimientos, de los recuerdos y del futuro; sigue creando nuevos universos, renombrando la realidad, transformándola; sigue haciendo todo lo que le fue prohibido durante siglos.

La creación literaria, ese enigma insoluble, sigue moldeando con la arcilla del espíritu humano algo que no existía antes. «La palabra habría sido en el principio —recuerda el poeta— un símbolo mágico, que la usura del tiempo desgastaría. La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar». 

Un reducto de creadores honestos persiste en esta empresa. Aquéllos que no han olvidado «el problema del conflicto del corazón humano consigo mismo, que es lo único que puede lograr la buena escritura porque es lo único sobre lo que vale la pena escribir». Solo eso merece el sudor y la agonía de los auténticos creadores, aquéllos que no dejan espacio en su taller «a nada que no sean las viejas verdades y realidades del corazón».

Creación literaria, transposición poética de la realidad, adivinanza del mundo, como pensaba García Márquez; sueño dirigido, extensión de la memoria y la imaginación, palimpsesto en el que translucen los rastros —tenues, pero no indescifrables— de previas e infinitas escrituras, como conjeturaba Borges; antropología especulativa, como la llama Juan José Saer. Conviene echar mano en este punto del célebre prólogo de Borges a La rosa profunda. La segunda doctrina de la que habla Borges, la de la creación literaria como una operación de la inteligencia, está contenida, como nadie ignora, en el Método de composición del “El Cuervo”. Allí, Poe afirma, por ejemplo, que no se explica por qué nunca se ha ofrecido al lector un trabajo semejante. Ni inspiración ni posesión, más bien transpiración, reflexión, inteligencia y trabajo. El gran maestro mexicano Juan Rulfo, grande entre los grandes, era de la misma opinión. Rulfo le cierra la puerta a la inspiración, es evidente, sin embargo, ésta se mete por su ventana en forma de inconsciente.

En Augusto Monterroso, para seguir con el maestro de la brevedad, lo único que no era breve eran sus jornadas de trabajo, en su Decálogo del escritor afirma con su humor característico: «aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche». 

García Márquez, buen discípulo de Rulfo, dijo lo mismo de otra manera: «el deber de un escritor consiste en escribir bien». Para lograrlo —sostuvo— «he tenido que someterme a una disciplina atroz para terminar media página en ocho horas de trabajo; peleo a trompadas con cada palabra y casi siempre es ella quien sale ganando, pero soy tan testarudo que he logrado publicar cuatro libros en veinte años». Con toda honestidad, también confesó que nunca hablaba de literatura porque sencillamente no tenía la menor idea de lo que era. Quizá porque se trata de un enigma insoluble, como he dicho al principio, o porque —como presintió Aureliano Babilonia en una de las últimas madrugadas de Macondo— la literatura no debe ser otra cosa que el mejor juguete que se ha inventado para burlarse de la gente.

A modo de cierre

Con miras a seguir estudiando ese juguete del idioma, la Maestría en Literatura y Escrituras Creativas, el Departamento de Humanidades y Filosofía y el Instituto de Idiomas de la Universidad del Norte convocan al VII CONGRESO INTERNACIONAL: LITERATURAS DEL SIGLO XXI. Octubre 24 y 25 de 2024. El Comité Científico del evento aceptará propuestas de ponencias que permitan hacer un balance crítico de las diferentes expresiones literarias de este primer cuarto de siglo. Analizar y comprender las nuevas tendencias de la literatura mundial en su diálogo amplio con el Gran Caribe y las letras hispanoamericanas.

 

Los esperamos, entonces, en Barranquilla…

 

Orlando Araújo Fontalvo, Universidad del Norte

 

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